Y echaron raíces.
Se mudaron a un área de manglares de Norteamérica. Les gustaba la humedad del aire y la música y la comida cajún.
Un día, trabajando en el jardín, las raíces les salían de las plantas y de las uñas de los dedos de los pies, primero como pequeños tubérculos.
Quisieron echar raíces de tal manera que, con el tiempo, la resina, la madera y la corteza empezaron a sustituir a sus sistemas circulatorios, su carne y su piel.
Hasta que confirmaron que sus cabezas estaban bien amuebladas. Se terminó todo.
Pasados unos meses, había dos enormes Sauces cerca de los manglares. Con sus ramas enredadas.
Los demolieron, junto con la casa. Las raíces se habían empeñado en inundarla por dentro.
martes 29 de marzo de 2011
viernes 28 de enero de 2011
Ese día
Un día, ese, nos vamos a San Francisco. Creamos una comuna. Vamos a vivir desnudos. He visto documentales de pelvis (parece mentira que los hombres tengan pelvis, es una palabra tan femenina) depiladas en California. En la playa, no se vayan a pensar.
La verdad, preferiría que mi primer fotograma de SF fuera un músico callejero o un Gap. Garage o blues a poder ser. El músico, no el pubis.
En SF hay niebla, pero también vida, mucha vida. La gente es alegre y hay de todo lo que puedas pagar. Creo que vivir desnudos no es una opción, no está de moda allí. Las drogas sí. Claro, cuestan dinero.
Imagina una ciudad donde no necesiten farolas. Donde por la ventana de cualquier casa se vea la playa, sí? Donde los bares huelan a hierba seca y a perfume de hombre. Allí, un día, donde la gente sonríe porque todos los días conocen a alguien nuevo.
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
does he hold on......
La verdad, preferiría que mi primer fotograma de SF fuera un músico callejero o un Gap. Garage o blues a poder ser. El músico, no el pubis.
En SF hay niebla, pero también vida, mucha vida. La gente es alegre y hay de todo lo que puedas pagar. Creo que vivir desnudos no es una opción, no está de moda allí. Las drogas sí. Claro, cuestan dinero.
Imagina una ciudad donde no necesiten farolas. Donde por la ventana de cualquier casa se vea la playa, sí? Donde los bares huelan a hierba seca y a perfume de hombre. Allí, un día, donde la gente sonríe porque todos los días conocen a alguien nuevo.
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
and i dont care what the world say about her
if i hold out my hand then you'll know ill be there
if i hold out my hand then you'll know ill be there
(oh yes i will)
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
(oh yes he will)
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
does he hold on like i hold on
will he ever bow down and die
does he hold you like i hold you
will he ever bow down and die
does he hold on......
lunes 16 de febrero de 2009
Santa Valentina

Era una valiente pero en menos. Un día fue a buscar a un amigo; vive a tres edificios, le dijeron. Lo que no sabía es que la cuidad estaba trucada, o truncada, no se sabe.
Empezó a correr a lo largo de la larga avenida, llena de resortes urbanos enigmáticos que parecían esconder mil secretos para ella cada uno.. Aquella megápolis se estaba cachondeando de ella.
Busca el edificio gris pero con litografías tipo Venice esplendor contracultura 60s. Está al lado de uno aún más gris.
Llevaba un par de días corriendo por la calle que, por otra parte, cada minuto le parecía más ancha. Pero parece que el edificio no se quería dejar ver. No estaba de humor ese día, no se encontraba con ánimos de ser horadado. Obviamente, corría a un paso mucho más lento que ella, pero lo hacía a escala megaurbe, con lo cual en realidad la carrera era una locura.
Lo veía alejarse a lo largo de la calle y supo que nunca lo alcanzaría. Siempre a tres edificios.
martes 3 de febrero de 2009
El sónar

Desde la estación de control veían todo. Tenían como 300 parabólicas, equipos de morse y hasta un sónar. Estaban allí encerrados a 50 metros subsuelo con aquel sofiticado equipo y habían perdido la señal de John McEnroe. Imaginándose al hombre perdido en algún agujero (esperando que no fuera uno negro) enfundado en su escafandra espacial blanca con máscara de metacrilato resistente a altas y bajas presiones y pasiones.
Todo el equipamiento que habían ido fabricando a partir de restos de chapas compradas a melenitas durante años para encontrar a aquel hombre, o, al menos, sus restos -no se merecía un entierro católoco un buen astronauta y ciudadano americano?-.
Sus conocimientos conjuntos de bioexología, física, estadística informática orientada al desciframiento de claves, todas aquellas carreras.
Una década de oscuridad a cambio de iluminar el espacio con una absurda bombilla ecológica; la verdad es que la vida en aquel sótano que el Departamento de Desarrollo de Ingeniería de Señales Tipo Beta (las de los tipos beta, los que se habían extraviado a lo largo de toda la carrera espacial) era bastante austera.
Durante esa década se habían obsesionado especialmente con McEnroe, dadas las circunstancias de su desaparición. Acompañaba a Laika. Nadie lo supo.
domingo 25 de enero de 2009
El fumador

En cada una de las ocasiones en que fumaba en presencia de otros, notaba reacciones extrañas. Unas veces le miraban de reojo, con miedo, como si estuviesen viendo a la mismísima Regan McNeil. Otras personas le observaban fijamente, parecían idos, bajo el efecto de una hipnosis profunda, pero como si, al mismo tiempo, quisieran vez algo bajo su piel, sus ojos, como si quisieran explorar su aparato respiratorio. Había quien fijaba sus ojos en él con una osada expresión de verdadera repugnancia. Una vez hablaba con su propia madre y, al tiempo que encendió un Malboro, aquélla salió corriendo con un grito ahogado en la garganta. "Mamá, por favor, es light!".
Por esa cadena de reacciones adversas, como si de un prospecto autoinventado se tratara (antes de la aparición de los mensajes matemática, que no médicamente realistas, del estilo "Fumar puede provocar malformaciones graves en el feto" - y a él qué le importaba aquello?), dejó de fumar. No lo hizo por un espacio de 7 años. La gente que le rodeaba volvió a su modus operandi normal, incluso le abrazaban de vez en cuando. No temblaban en su presencia, ni le escupían, no corrían a las esquinas de la habitación, todo normal.
Un día, pasados esos 7 años deseando de forma casi onanista aquellos momentos de completa autosatisfacción, encenció su primer, que no último, cigarro. En realidad ni siquiera era un cigarro completo. Era una mísera colilla, que uno de sus amigos había dejado en el cenicero de casa. A escondidas. Dios, se sentía perverso por todo aquello.
Después de aquellos suspiros de monóxido de carbono, fue al baño a mear. Se lavó las manos, en un acto, más que higiénico, de cura purificante. Notó que su piel estaba algo gris. No grisácea: gris. Sería el tiempo en aquella ciudad industrial: siempre nubes y, sin embargo, ni una gota de agua. En los años que había estado viviendo allí, había llovido tres veces en un año como máximo.
Bajó a comprar tabaco.
-Malboro, por favor.
-Light?
-No!
Otra vez aquella cara... No debería haberle gritado así.
Subió a casa y, de camino, se encendió otro (de verdad). Se vio al espejo de un escaparate en su carrera furtiva a casa. Joder, estaba mayor ya...Tiró la colilla antes de entrar al portal.
Reunió valor. Se colocó frente al espejo. Encendió otro. Aspiró. Vio cómo, oh, dios!, su cara era surcada por arrugas que surgían de la nada. Dios, dios, joder. Aquello no podía ser. Espiró. Desaparecieron de la misma forma en que habían hecho presencia. Volvió a dar una calada: sus ojos! Unos párpados cómo branquias de pez blanquecinas los cubrían de tristeza de la tercera edad. Al volver a intentar, las canas.
Ahora entendía. Nunca dejaría de fumar. Jubilación. Estafa a hacienda. Sólo tenía que contener la respiración...
jueves 22 de enero de 2009
Abrelatas

Hay entrando en mi habitación una luz insidiosa. Se empeña en abrirse paso, aunque es interior, aunque tengo contraventanas, aunque tuviera cortinas, aunque pusiera persianas pintadas con color negro sin barniz. Entra cuando menos la espero, o cuando estoy en la mitad de un mal sueño en el que me despierto y veo que mi pesadilla me mira directamente a los ojos. Esos que yo no veo. Mi pesadilla me mira pero no deja que la vea.
Luego entra la luz, una lámina fina, perpendicular al suelo; traza un camino recto hasta mi cama y me señala, y pareciera que me mira, y que deja que la vea y que yo la señale y la desafíe. Hablo en voz alta, con placidez, a través de esos rayos de luz, mis palabras salen transformadas en otra cosa, a veces ni yo soy consciente. Será la luz.
Contra el cristal de mis pestañas de cristal, traza todo el espectro visible, se deshila en todos los colores, esos que nunca había visto, que nadie más conoce. Son los de mis pestañas postizas. No, no son postizas, sus extremos son de cristal, como las lágrimas que inventara Buñuel, pero no lo son.
Se curva un poco esa luz, va tomando forma de un arco ejecutor, iluminador, indicador (this way). Empieza a parpadear al son de mis pestañeos. Algo quiere decir. Paint it white.
domingo 18 de enero de 2009
Ding-dong...

-Sí... creo que es el timbre, creo que es aquí.
-¿Han llamado, verdad, Herman?
-Sí, creo que sí, Düne.
-¿Vamos a abrir o qué?
-Nah, se está tan bien aquí solo...
-¿Y si es ella?
-Pues precisamente: si es ella, se acabó. No quiero que se acabe. Podemos seguir aquí escondidos hasta cuando queramos; ella me quiere, esperará dormida sobre el felpudo, porque pone Hola.
¿Cómo le haré saber que aún la quiero? No hace falta; si me quiere, se hará, aunque yo no lo haga. Aunque nos oiga riendo aquí dentro. Vale, vamos a desearlo. Que se haga realidad. Lo que yo pida. Por un golpe de gracia.
Por el hueco de la puerta, se coló una carta (se ha cumplido, pensó, no creí que fuera tan sencillo). Separación de bienes. A nombre de Herman Düne.
Foto: Buscando un Beso a Medianoche, de Alex Holdridge, primera peli y en la diana. Destacar: esos momentos de intimidad espontánea en circunstancias tan poco dadas a ella.
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